Army Moves, el primer gran éxito de Dinamic Software

 

En 1986, en pleno apogeo de los microprocesadores de 8 bits, se lanzó al mercado del entretenimiento doméstico un videojuego que significó el primer gran éxito de Dinamic Software, “Army Moves”. La compañía de software de los hermanos Ruiz llegó a programar grandes juegos de ordenador a lo largo de su trayectoria, entre los cuales destaca la tetralogía “Moves”, de la cual, “Army Moves” fue su primera entrega. Aun así, cabe decir que por aquel entonces, Dinamic se dedicaba a llevar al formato doméstico los juegos que arrasaban en las salas de arcade, convirtiendo sus propias producciones en versiones no licenciadas de los grandes éxitos internacionales. Como os mostraré más adelante, “Army Moves” no estuvo exento de polémica en este aspecto.

Lo primero que nos llama la atención de este videojuego es la fantástica portada que el malogrado Alfonso Azpiri dibujó captando la esencia de la primera fase del juego y en la que aparece un todoterreno militar armado con una torreta lanzamisiles. Leyendo las instrucciones que incorpora la caja del casete nos enteramos que este juego incluye, por vez primera, lo que más adelante se conocería como la “FX doble carga”. ¿Y eso qué quiere decir? Pues que cargando la cara A del casete en nuestro ordenador podremos jugar con la primera parte del  videojuego. Una vez superadas todas las fases de esta parte, se nos obsequiará con una clave de acceso para poder acceder a la segunda carga. Por eso, al cargar la cara B del casete en nuestro ordenador, lo primero que se nos pide es el código obtenido anteriormente, sin el cual, no podemos jugar en las fases contenidas en la segunda carga. Esto que hoy en día parece una chorrada fue un gran reclamo en la época pues las limitaciones de memoria de los microprocesadores domésticos no permitían videojuegos demasiado largos. Gracias a la “FX doble carga” los videojuegos no sólo doblaron su tamaño, sino que también ganaron en variedad de fases, enemigos, situaciones, decorados, etc. La verdad es que el truco les salió muy bien a los de Dinamic, ya que todas las compañías de software nacional empezaron incluir la doble carga en sus juegos de ordenador, incluso se llegó a situaciones de triple y cuádruple carga. También se llegó a ciertos extremos como hizo Topo Soft con su “Silent Shadow” en el que teníamos que cargar las fases una por una.

 

 

Cargado el juego en nuestro ordenador, lo primero que nos aparece es una demostración de juego junto con la pegadiza melodía que no parará de sonar en ningún momento a no ser que nosotros la apaguemos (¡Menos mal que Dinamic incorporó esa opción!). Dando a empezar el juego, éste nos pone a los mandos de un Jeep del ejército (americano, supongo) sobre un interminable puente de hierro medio derruido. Enseguida nos veremos abrumados por el fuego enemigo proveniente de otros jeeps que nos atacan de frente y de helicópteros que no paran de sobrevolar nuestra zona. Nosotros, como buenos soldados entrenados en los avatares de puentes diseñados por Calatrava, haremos saltar nuestro vehículo (no me pregunten cómo, pero salta) sobre las partes hundidas del puente a la vez que lanzamos misiles aéreos y terráqueos a los enemigos que osen entorpecer nuestra misión.

La fase del puente, la más famosa del videojuego, entre otras cosas por qué poca ha sido la gente que ha conseguido superarla, es un sentido homenaje (¡Una copia, vamos!) al mítico “Moon Patrol” de Irem de 1982. Fase complicada de por sí pero que llega a desesperar debido a ciertos errores en las colisiones de los elementos gráficos. Nos podemos encontrar con situaciones en las que los vehículos contrarios esquivan milagrosamente nuestro disparo o incluso que nuestro vehículo explota cuando no ha sido alcanzado por el fuego enemigo. Pero lo peor de todo es cuando vemos que, en uno de nuestros saltos, el jeep cae al vacío todo y estar seguros de que hemos aterrizado correctamente en una de las plataformas del puente.

 

 

Para las tres fases siguientes tomaremos los mandos de un helicóptero en otro más que emocionadísimo homenaje al videojuego de 1982 de Atari, “Choplifter”. Aquí seguimos teniendo dos tipos de misiles, los que van rectos y los que van hacia abajo, que sirven para destruir los cazas enemigos o a las bases terrestres respectivamente. Cómo que el presupuesto de Calatrava se había terminado, aquí no tenemos la dificultad añadida de ir evitando puentes huecos. Aunque no todo es felicidad en las noticias, ya que Víctor Ruiz, el programador, añadió un efecto de balanceo cuando hacemos avanzar el helicóptero. Se trata deun pequeño instante en el que el morro de la nave se inclina hacia adelante y que si disparamos en ese momento, el misil que tenía que salir de manera horizontal, lo hace en una trayectoria descendente en la misma dirección que el morro del helicóptero. Gran detalle que nos complica las cosas a la hora de eliminar enemigos al mismo tiempo que evitamos sus disparos.

Las fases del helicóptero varían en el decorado y en el tipo de enemigos. Los cazas aparecerán en las tres pero en la primera de ellas (segunda del juego) que representa la jungla, encontraremos pequeñas bases ocultas en el suelo que nos dispararán sin darnos cuartel. La siguiente se desarrolla en el mar y encontraremos pequeños submarinos que irán a por nosotros, y en la última volvemos a adentrarnos en la jungla con unas torretas que sobresalen por encima de la vegetación y que nos lanzarán constantes ráfagas de balas. Los defectos de programación también hacen acto de presencia en estas fases, unos a nuestro favor y otros a nuestra contra. Uno de los errores que juega a favor nuestro es que algunas veces, cuando destruimos a un enemigo, al explotar también desaparecen sus balas. En cambio, nos podemos encontrar que de la explosión, cuando creemos que hemos acabado con un enemigo, de entre las llamas aparezca una bala inesperada y nos alcance por haber bajado la guardia sobre esa zona de la pantalla de juego.

 

 

Cargada la cara B del casete e introducida la contraseña oportuna (y desactivada el incordio de melodía), apareceremos en medio de una zona pantanosa de la jungla, esta vez en forma de soldado armado con un fusil y granadas. Saltando de roca en roca para no caer en los lodos que nos rodean, iremos avanzando pantalla a pantalla (a diferencia de la carga de la cara A, aquí no hay scroll horizontal que valga) mientras disparamos a unos tucanes muy molestos y esquivamos granadas de mano que van apareciendo de entre los árboles. La vena ecológica del programador hizo que los tucanes no mueran al ser alcanzados por nuestras balas, lo que sí que hacen es desviar su ruta, con lo que conseguiremos que no nos golpeen. Otra diferencia con la primera parte es que si aquí nos matan, reapareceremos en la misma pantalla donde hemos dejado la piel sin la necesidad de volver a un hipotético “check point”, tal y como ocurría en la primera parte.

Rebasada la fase de la jungla nos adentramos en la base militar enemiga. Aquí los tucanes son sustituidos por soldados de infantería armados con rifles de asalto en otro conmovedor homenaje, esta vez al juego de 1985 de Konami “Green Beret”. Poco a poco y con paciencia iremos avanzando y agachándonos para esquivar el fuego enemigo a la vez que vamos eliminando soldados. Aquí, las leyes no escritas de la programación de la época permitían que el programa siguiera lanzándonos enemigos incluso cuando nos encontramos en el borde de la pantalla, a punto de superarla. Es en ese preciso instante en el que solo dos píxeles nos separan de la pantalla siguiente cuando aparece un enemigo y nos lo comemos sin tiempo a reaccionar. Grandes momentos estos en los que llegábamos a acordarnos de toda una retahíla de santos, familiares del soldado enemigo y algún que otro cura. Otro de los defectos del programa era que las balas quedaban camufladas por el decorado y muchas veces dejábamos una vida (o dos o tres) sin saber muy bien que había pasado.

 

 

La fase final, que tiene lugar dentro del cuartel general de la base enemiga, es parecida a las anteriores. Soldados que aparecerán por doquier disparando como posesos mientras vamos de habitación en habitación. Encontraremos puertas que nosotros no podremos abrir, sino que se abrirán ellas solas y de las que aparecerá un enemigo. Hay que eliminarlo y avanzar rápido antes de que la puerta se cierre para poder pasar por ella. Otra situación engorrosa es la de subir pisos utilizando las escaleras, pues desde allí no podemos disparar al enemigo pero en cambio somos blanco fácil para sus balas. Así, paseando por habitaciones decoradas con simbología nazi, matando soldados bajo la mirada de los enormes retratos del führer y entre teléfonos rojos que no parar de sonar, llegaremos a la caja fuerte que será el fin de nuestra misión: la de recuperar unos documentos secretos. Y así se acaba este “Army Moves”, delante la caja blindada del ejército enemigo. Nada se sabe de lo que pasó después. Si consiguió escapar con los documentos, si hizo volar el cuartel general de los malvados, si le partió la cara al tal Calatrava… Sea como sea, el juego nos deja muchas incógnitas típicas de los videojuegos de los años 80. Eso sí, nosotros más que felices y contentos por qué, la verdad sea dicha, no ha sido nada fácil llegar hasta aquí y terminar la aventura.

“Army Moves” fue, todo y sus errores, un buen juego que contenía un buen número de situaciones variadas, unos decorados que ambientaban de forma muy digna la aventura, una jugabilidad más que decente y una curva de dificultad endiablada. La idea de incluir dos cargas dentro de un mismo juego permitió alargar su mapeado y añadió versatilidad en su concepto, posibilitando al jugador el hecho de manejar tres tipos de vehículos. También significó la primera entrega de una saga que llevó a Dinamic a la cúspide con su segunda entrega, “Navy Moves”, de la cual hablaré en otro momento. “Army Moves”  apareció en su momento para Amstrad CPC, ZX Spectrum, Commodore 64, MSX, PC, Commodore Amiga y Atari ST. Cualquier emulador de alguno de estos sistemas será suficiente para revivir lo que fue este cúmulo de homenajes sin fin, que pese a su poca originalidad, nos ofreció lo mejor de cada uno de los juegos en los que se basaba, convirtiéndose en un superventas de la época dorada del soft español.

 

 


Albert Solé Jerez
www.japaniums.blogspot.com