La surrealista historia de John Romulus Brinkley, la gran farsa americana

 

En el año 1902 un joven de 17 años llamado John Romulus Brinkley se presentó ante el decano de la Universidad de Medicina de Chicago, John Hopkins, diciéndole que quería ser médico como su padre para seguir la tradición familiar. Hopkins, viendo al chico que estaba delante suyo vestido con trapos viejos y descalzo le contestó que la gente como él no llegaban nunca a ser médicos. 15 años más tarde, un día de mayo de 1917, Brinkley recibe su diploma de médico en la Universidad de Medicina Ecléctica de Kansas City.

Recién diplomado se traslada al oeste junto a su esposa Minnie (Minerva), concretamente a una pequeña ciudad de mala muerte conocida como Mildford. Allí, pobre como una rata pero con mucha ilusión, abre un pequeño consultorio con los pocos ahorros que le quedan. La vida iba transcurriendo con normalidad hasta que un día llegó Stitsworth, un granjero local, a su consulta lamentándose de la imposibilidad de concebir un niño en su matrimonio. Bromeando, Brinkley le dijo que no tendría ningún problema de esterilidad si poseyese los testículos de un macho cabrío como los que tiene en su rebaño. Fue en esta conversación que el paciente le rogó que le hiciera un trasplante de testículos. Brinkley, viendo que no tenía nada que perder, aceptó siempre y cuando el paciente pagase los honorarios que ascendían a 150 dólares (Unos 1800 dólares al cambio actual). Al cabo de nueve meses Stitsworth volvió a la consulta de Brinkley con un bebé entre los brazos. Este fue el pistoletazo de salida de la loca historia de este cirujano especialista en xenotrasplantes de testículos de chivo para curar los problemas de impotencia e infertilidad.

El milagro médico conseguido con Stitsworth viajó rápidamente por todo el condado, para acabar derramándose por todo el estado. Atraídos por el boca a boca, miles de personas peregrinaron a la ciudad de Mildford para visitar la clínica de Brinkley con la esperanza de poner fin a sus problemas sexuales. Mildford conoció una época de prosperidad inesperada. Los recién llegados, atraídos por la clínica, eran gente pudiente que decidieron establecerse construyendo viviendas y abriendo negocios.

El éxito de los xenotrasplantes y la ayuda de las palabras de apoyo de famosos que avalaban sus beneficios como los políticos William Jennings Bryan y Huey Long o el mismísimo Rodolfo Valentino, hizo que los honorarios de la clínica subieran a 750 dólares por operación. La fama del cirujano se extendió por todo Estados Unidos propiciando que el propio Buster Keaton hiciera aparecer los implantes de cabra en uno de sus cortos. La verdad es que las cosas no podían ir mejor a John Romulus Brinkley quién recibía los pacientes en su clínica, los acompañaba al corral de cabras que tenía anexo al edificio, el enfermo elegía una de entre todas las del rebaño y se le realizaba el trasplante de testículos.

 

 

Cuando el éxito estaba bendiciendo la ciudad de Mildford, Brinkley decidió construir una emisora de radio, la KFKB, la cuarta de todo el país. Esto pasaba en el año 1923, cuando la radio no era más que un concepto moderno para la gran mayoría de los estadounidenses, Brinkley vio en este medio de comunicación, que justo empezaba a desarrollarse, la oportunidad para hacer llegar a más población el método milagroso que se practicaba en su clínica. De esta manera Brinkley se convirtió en un pionero de la publicidad radiofónica, pues no sólo emitía anuncios sobre su clínica sino que, también, contenía un programa de consulta médica, “La caja de preguntas médicas”, en la que los oyentes enviaban sus preguntas por carta. La emisión radiofónica trasladó la fama de Brinkley al resto de los estados.

El éxito popular de la emisora y la lucrativa consulta médica de Brinkley llamaron la atención de la AMA (American Medical Association) y de la FRC (Federal Radio Commission) que no veían con buenos ojos ninguna de las actividades del cirujano. El Dr. Morris Fishbein, editor del periódico médico de la AMA, era un acérrimo enemigo de lo que él consideraba curanderismo. Personaje controvertido y conflictivo al cual sus superiores tuvieron que amonestar y pararle los pies varias veces por “ir demasiado lejos” en sus métodos y palabras. La obsesión que Fishbein tenía por Brinkley y sus métodos fue creciendo e hizo que la propia AMA, junto con la FRC, fuera a por él procurando que se clausuraran su clínica y su emisora. Así fue como cada una de las entidades presentó una demanda contra Brinkley.

En 1930 tuvo lugar el primer juicio, que fue el que resolvería la demanda de la AMA. Brinkley fue acusado por utilizar métodos que no se enseñan en ninguna universidad, por hacer operaciones no descritas en ningún libro médico y por prácticas de dudosa efectividad. Brinkley se defendió presentándose a sí mismo como un pionero en medicina y cirugía, comparándose con el incomprendido Dr. Semmelweis, defensor del lavado de manos en la profesión médica. El segundo juicio tuvo lugar días más tarde en Washington. En éste la FRC acusaba a Brinkley de radiar emisiones libidinosas en las que se hablaba abiertamente de sexo, radiofolletines que mancillaban la moral americana y de emitir música country. En este caso Brinkley acudió con varios testigos que aseguraron que la programación de la KFKB era la que los ciudadanos de Kansas querían y necesitaban, por mucho que les pese de los burócratas de Washington.

Seis meses después de los dos juicios  se le retiraron las licencias médicas y de emisión radiofónica a John Romulus Brinkley. Ante este duro golpe judicial cualquier persona habría claudicado ante el poder establecido y habría desaparecido en el anonimato, pero no fue así para Brinkley. Si el poder está en tu contra, pasa a formar parte de este poder.  Y sin ir más lejos, y ante la sorpresa de todo el país, Brinkley se presentó a las elecciones de gobernador de Kansas por su propia cuenta, sin afiliarse a ningún partido. Bajo el lema de “Limpiar, limpiar y mantener limpio”, que de hecho era una frase sacada de la caja de un laxante, inició una campaña propagandística sin ningún tipo de programa político. Compró un coche al que le incorporó un sistema de megafonía, convirtiéndose en pionero en esta práctica en campañas electorales. Con él hacía llegar su mensaje político por todos los pueblos y ciudades, empezando a prometer la creación de lagos por todo el estado de Kansas.

 

 

Lo que empezó siendo visto como una broma, acabó por meter miedo a los demás candidatos, tanto republicanos como demócratas, que miraron de parar los pies a Brinkley a toda costa. El Fiscal General de Kansas observó que, como candidato independiente, su nombre tenía que estar escrito a mano en las papeletas por sus votantes. De esta manera se acordó que solamente se aceptaría como válido el nombre J. R. Brinkley, relegando a votos nulos todo el resto. Esta decisión propició que el propio Brinkley realizara la campaña deletreando su nombre para que la gente supiera escribirlo correctamente.

12 días y 12 noches duró el recuento de votos. El más largo de toda la historia democrática de los Estados Unidos. Brinkley perdió contra Harry Hines Woodring, quien más tarde se convertiría en el Secretario de Guerra de Franklin D. Roosevelt, por 30.000 votos de diferencia. Pero el periódico local “The Des Moines Register” destapó que entre 30.000 y 50.000 votos a favor de Brinkley fueron anulados. 1930 se conocería como el año en que las elecciones fueron robadas en Kansas. Brinkley nunca impugnó el recuento porqué en realidad nunca quiso ser gobernador de Kansas, el salario mensual del cual él lo ganaba en una semana de poco trabajo. Todo esto fue una estrategia para ganar tiempo y realizar su siguiente asalto.

Dejando a dos de sus protegidos a cargo de la clínica de Mildford, Brinkley se trasladó a la ciudad fronteriza de Del Río, que se encuentra justamente al otro lado de un puente que cruza la frontera mejicana. Al otro lado del puente se encuentra Villa Acuña, lugar en el decidió construir su nueva emisora de radio, la XERA. Se levantaron dos torres de 91 metros de altura y el gobierno mejicano, descontento con la repartición que EUA hizo del espacio radiofónico dejando a México fuera de él, estuvo encantado de otorgar una licencia que permitía a Brinkley emitir con una potencia de 1.000.000 de vatios.  La conocida como “Emisora del Sol entre las Naciones” estaba fuera del alcance de la FRC y sus ondas llegaban hasta 17 países. No era raro ver como las aves caían muertas si se acercaban a las antenas de la emisora. Los faros de los coches se encendían solos y la música de la radio se colaba entre las conversaciones telefónicas. Había gente que sintonizaba las emisiones con los empastes dentales. Incluso se llegó a afirmar que las alambradas que cerraban los terrenos de las granjas también sintonizaban el sonido de las ondas de la XERA. Brinkley retomó sus actividades quirúrgicas ocupando el último piso del Hotel Roswell de Del Rio y se hizo construir una mansión en las afueras de la ciudad. Ese mismo año, 1932, el cirujano volvió a presentarse en las elecciones para gobernador de Kansas, perdiendo esta vez contra Alf Landon, quien más tarde se presentaría como presidenciable.

Fishbein, némesis declarada de Brinkley, movió los hilos para que el Congreso sacara a la luz la conocida como Ley Brinkley. Esta ley prohibía que se hablara telefónicamente desde Estados Unidos hacia una estación de radio fuera de las fronteras estadounidenses y que ésta última lo emitiera de vuelta hacia Estados Unidos. Brinkley evitó nuevamente esta prohibición dejando de transmitir telefónicamente desde su casa y empezó a grabar sus programas en lo que serían las primeras transcripciones eléctricas grabadas en discos. Finalmente la presión de los EUA a México hizo que este último revocara la licencia radiofónica a Brinkley. Incluso el ejército de Estados Unidos se presentó a las puertas de la emisora para cerrarla.

 

 

En 1937 Brinkley desarrolló la Fórmula 1020, una solución inyectable hecha a base de gónadas de chivo que sustituiría a la operación quirúrgica del xenotrasplante. Construyó dos nuevos hospitales en Arkansas y otro en San Juan, Texas. Sin embargo era cuestión de tiempo que Brinkley y Fishbein coincidieron en el mismo lugar y en el mismo tiempo, y así fue. Durante uno de sus ostentosos viajes de placer coincidió con el editor de la AMA en el mismo crucero. Lejos de entrar en disputa directa ni contacto cercano, Brinkley se las arregló para provocar a Fishbein. Este error de cálculo por parte de Brinkley conducirá a esta historia hacia su acto final.

Con un ánimo vengativo renovado, Fishbein publicó una serie de artículos titulados “Charlatanes médicos modernos” en los que repudiaba, insultaba y ponía abiertamente en duda el diploma médico del cirujano. Brinkley demandó a Fishbein por difamación y calumnias pidiendo 250.000 dólares de compensación por el honor mancillado. El juicio se celebró en Del Rio el 22 de marzo de 1939. Al juicio, presidido por el juez R. J. MacMillan, Brinkley acudió con cinco abogados y un ejército de pacientes satisfechos que formaban la base de su estrategia judicial. Fishbein se presentó con un abogado, lo único que le permitía su salario como editor del periódico de la AMA.

El primer día del juicio, nada más empezar, el juez desestimó todos los testigos de Brinkley pues ninguno de ellos eran médicos expertos ni peritos especializados. En cambio, los médicos expertos en urología que aportó Fishbein desmintieron los beneficios del xenotrasplante testicular que practicaba Brinkley. Se argumentó que el método de Brinkley no se podía clasificar como trasplante pues éste se reducía a insertar un trozo de glándula dentro del escroto del paciente, entre la piel y el testículo, sin ningún tipo de cirugía que permita la irrigación de dicho injerto. Por ese motivo, al cabo de poco tiempo, la glándula acaba secándose, reduciéndose y descamándose. En el juicio también se demostró que la Fórmula 1020 no era más que agua destilada con unas gotas de colorante azul.

Al segundo día de juicio hace su declaración el Dr. Fishbein durante la cual describe las 3 características comunes que todos los curanderos tienen: 1) El curandero se envuelve en una leyenda en la que consigue una cura milagrosa para determinada enfermedad. 2) Los éxitos médicos de estos curanderos nunca son compartidos con la comunidad científica médica, quedando siempre como secreto profesional. 3) El curandero es un manipulador. Siempre dicen lo que el paciente quiere oír y dan esperanzas donde no las hay. Por tanto, como Brinkley ostenta esta 3 características, no queda ninguna duda de que se trata del curandero más rastrero que haya tenido el desagrado de investigar en toda su cruzada contra este tipo de prácticas.

Al tercer y último día de juicio, es el propio Brinkley quien sube al estrado para dar su testimonio. Lo primero que admite es que en el último año de ejercicio ha ganado la nada despreciable suma 1.100.000 dólares por sus servicios. Acto seguido el abogado de Fishbein presenta el libro “The life of a man: una biografía de John R. Brinkley” escrito por Clement Wood. Brinkley asegura que se trata de su biografía autorizada y de este libro se desprende el relato que os he ido contando hasta llegar a este juicio. En el libro se narran ciertas imprecisiones y se omiten varios datos, como por ejemplo que John Romulus Brinkley estaba casado con Sally Wike y era padre de dos hijos cuando, teóricamente, se presentó ante el decano de la universidad reclamando un lugar entre los estudiantes de medicina. Que durante los años que pasó en Chicago junto a su primera esposa regentaba un espectáculo médico ambulante, igual que los que podemos ver en las viejas películas del oeste, donde vendía un remedio milagroso contra la impotencia masculina hecho a base de aceite de serpiente. También sale a la luz la acusación de poligamia que Sally le hizo cuando éste se casó con Minnie sin estar divorciados. Otra irregularidad en su biografía autorizada decía que se licenció como médico en mayo del 1917 en la Universidad Ecléctica de Kansas cuando, en realidad, informes policiales corroboran que en esas fechas estaba detenido en Carolina del Sur por estafa al inyectar agua colorada a un paciente haciéndole creer que se trataba de un remedio contra la impotencia masculina (20 años después nos encontramos juzgando a Brinkley por el mismo motivo). Otro aspecto más escabroso es cuando el libro afirma que los miembros del tribunal médico que lo juzgó en 1930 tuvieron una muerte horrorosa y fortuita, demostrando el abogado que algunos de esos médicos estaban presentes en ese momento entre los asistentes. Por otro lado se puso en duda su praxis médica, pues varias enfermeras y exayudantes declararon por escrito que Brinkley realizaba sus operaciones en un estado total de embriaguez etílica. Finalmente admitió que pagó generosamente al escritor Clement Wood para que escribiera el libro y el mismo Brinkley lo editó, dejando numerosos ejemplares en sus clínicas al alcance de sus pacientes. También regaló muchos ejemplares entre sus conocidos y entidades públicas y privadas para que lo repartieran entre la población.

El veredicto dio la razón a Fishbein, lo que propició una lluvia de demandas por parte de pacientes descontentos que hasta ahora se habían mantenido callados debido a la fama de Brinkley. Por su parte, el Servicio de Impuestos Interno investigó sus cuentas por un presunto delito de fraude fiscal. Finalmente Brinkley se declaró en quiebra en 1941. No contentos con eso, el Departamento de Correos de los EUA comenzó a investigarlo por fraude postal. A causa de toda esta persecución Brinkley acabó pasando de ser un falso médico a convertirse en un verdadero paciente debido a sus 3 ataques cardíacos y a la amputación de una pierna por culpa de la mala circulación. El 26 de mayo de 1942 John Remulus Brinkley murió por insuficiencia cardíaca en San Antonio y su cuerpo fue enterrado en el cementerio de Forest Hill en Memphis, Tennessee.

Para conocer en profundidad la historia de John Remulus Brinkley os invito a ver el documental “Nuts!” de Penny Lane el cual habla sobre su capacidad de engaño y todo el aparato propagandístico que llegó a crear alrededor de su figura. Pionero en algunas cosas, rastrero en muchas otras, Brinkley disfrutó de una vida sosegada gracias al ilusionismo que ofrecía a una sociedad desinformada y analfabeta en su gran mayoría. Desgraciadamente el documental no nos ofrece una visión global del genio y figura del trasplantador de testículos de Kansas y hay que completar la información buscando en otras fuentes como artículos periodísticos o libros. Sin embargo, es un buen inicio para entrar de lleno dentro de la gran farsa americana y de los timadores profesionales de la América profunda.

 


Albert Solé Jerez
www.japaniums.blogspot.com