El origen de la leyenda de los 21 gramos de peso del alma

Finales del siglo XIX, Estados Unidos de América se convierte en el paraíso del espiritismo y los médiums, desde que en 1847 se hiciera público el caso de las hermanas Fox, quienes aseguraron haber presenciado fenómenos paranormales, que a posteriori reconocieron como falsos. La curiosidad por el espiritismo se expande alrededor del mundo, en especial en Francia, donde el traductor, profesor, filósofo y escritor francés Allan Kardec (seudónimo de Hippolyte Léon Denizard Rivail) concluye su famoso “Libro de los espíritus” (1857).

Una obra que intenta dar forma empírica y científica al espiritismo contemporáneo, ayudando a destapar los innumerables casos de fraude que rodean esta doctrina. El éxito de su obra le provocó grandes problemas personales además de sufrir amenazas de muerte de sus colegas de gremio y de la Iglesia.

 

 

Después de este primer paso firme hacia la investigación del fenómeno llegaron otras figuras científicas relevantes, integradas activamente en asociaciones dedicadas al estudio de fenómenos paranormales.  En 1907, los rotativos Boston Sunday Post y The New York Times sorprendieron con la noticia de que Duncan MacDougall, un médico de Haverhill, Massachussetts, habría “demostrado” que el alma humana pesaba alrededor de 21 gramos.

Este partía de la hipótesis de que el alma humana era un pequeño gas, e ideó un original procedimiento experimental para adentrarse en la cuestión. Seleccionó a seis pacientes desahuciados cuya muerte era inminente para su estudio. En la cercanía del óbito, MacDougall medía con una báscula de precisión, cuyo margen de error no superaba los 5,6 gramos, el peso de los moribundos. Los resultados no fueron claros, ni todos los pacientes perdieron peso al morir, ni aquellos que registraron alguna clase de pérdida lo hicieron con cantidades homogéneas, así que su estudio nunca pudo ser tomado en serio.

 

 

En 1911, de nuevo en The New York Times y poco antes de desaparecer de la vida pública, MacDougall se reafirmó en sus ideas, a la par que, irónicamente, expresó sus dudas acerca de la posibilidad de que el alma pudiera ser fotografiada mediante rayos-X, como defendían otros científicos.

Este estudio aún sobrevive en el imaginario colectivo como cierto, e incluso ha encabezado producciones cinematográficas de éxito, como la dirigida por el oscarizado Alejandro González Iñarritu.