Segunda temporada de “After Life”, brillante y triste para hacernos reir

 

Ricky Gervais es posiblemente la mente más lúcida del panorama seriéfilo y cinéfilo del momento, y esto se traduce en “polémica” a ojos de una sociedad mayoritariamente vacía, prefabricada y políticamente correcta como en la que vivimos.

Con su serie “After Life“, y concretamente con su interpretación del personaje principal, podemos ver a una versión casi real (creemos) del verdadero Ricky Gervais, afrontando una situación ficticia en la pequeña pantalla, pero basada en el hiperrealismo que nos propone la historia,  y todo ello dictado bajo su propio y exquisito guion.

 

 

Gervais interpreta a un viudo amargado, más bien hater, pero que intenta sobrevivir como puede a la muerte de su mujer, aún bordeando el precipicio del suicidio. Si en la primera temporada su estrategia de supervivencia pasaba por decir todo el tiempo lo que pensaba, en estos nuevos seis episodios de media hora se propone hacerlo de una forma un poco más agradable e intentando ayudar a las personas de su alrededor.

Aunque hay que reconocer que “After Life” a veces puede parecer una balsa inacabable de pena y de llantos, brilla por su belleza, carisma y fino humor que nos acabará conquistando, si estamos preparados para comprender la complejidad de la vida real. Lloraremos y reiremos, esta es la ley de la serie, y en su segunda temporada se acentúa considerablemente.

 

 

También hay que remarcar que podremos apreciar la evolución de personajes secundarios como su cuñado, el psicoanalista cafre y machista, su cartero caradura, su amiga “trabajadora profesional del sexo” y de sus pacientes compañeros de trabajo.

After Life” es sin duda la mejor manera de pasearnos por el jardín mental de Ricky Gervais, donde podremos contemplar de forma privilegiada la psique de un privilegiado que ama los animales, la naturaleza y la inteligencia, y odia el resto, eso sí con una gran selección musical.