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Phnom Penh, la capital polifacètica de Cambodja

La ciutat de Phnom Penh té l'honor de ser la capital del Regne de Cambodja i la seu del govern, a part d’esdevenir un dels centres comercials més importants de la regió gràcies a la seva ubicació estratègica sobre el delta i la confluència de dos rius navegables com són el Mekong i Tonlé Sap, on la ciutat posseeix un port fluvial amb sortida al Mar de la Xina. A la ciutat de Phnom Penh el turisme és un dels motors més importants de la seva economia, i és que està plena d’importants tresors arquitectònics, religiosos, històrics, i espais per a la recreació i el relax. Un altre atractiu són els preus econòmics dels grans hotels, on el luxe no hi falta. Si ens agrada l’ambient nocturn podrem gaudir de casinos, discoteques, i restaurants. I si pel contrari optem pel turisme cultural són de visita obligada el Palau Reial, el Palau Nacional, Wat Phnom Pen, Tuol Slang, el Museu del Autogenocidi dels khmers rojos,  el Monument de la Independència i el Museu Nacional.

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La estatua de Mazinger Z a tamaño real de Tarragona

Se tenía que hacer, y se hizo

 

Fue a finales de los años 1970 que la empresa constructora Fontscaldetes S.A. adquirió unos terrenos en la bucólica vecindad de Cabra del Camp, en la Comarca del Alt Camp. Unos 40 kilómetros tierra adentro partiendo de Tarragona, para situarnos. La constructora pretendía levantar en esos terrenos una urbanización con casas individuales destinadas al veraneo para los habitantes de la ciudad. A este proyecto se le bautizó con el nombre de “Mas del Plata”.

Para atraer a los posibles compradores se tuvo la genial idea de llamar la atención de los niños. Como en ese momento el personaje televisivo que estaba causando furor en las pantallas de todos los hogares del país era Mazinger Z, se decidió construir una estatua del héroe japonés como reclamo para las familias con niños.

 

 

Para tirar adelante el proyecto se contactó con la empresa Fibrester S.A., especializada en la construcción de barcos y con una amplia experiencia en el uso de materiales resistentes y duraderos. Finalmente, la estatua acabó midiendo 10 metros de altura y originalmente tenía un acceso en la base de una de sus piernas que permitía acceder hasta la cabeza del robot. El cúmulo de accidentes que se fueron produciendo obligó al ayuntamiento a tapar el acceso con cemento para evitar problemas más graves.

La construcción de la estatua costó 10 millones de pesetas de la época (unos 60.000€) que a día de hoy serian una brutalidad de dinero para promocionar una urbanización. De todos modos, visto que la estatua situada a la intemperie y a merced de las inclemencias meteorológicas  ha resistido impasible al paso de estos 43 años, cabe afirmar que ya no se construye como antes.

 

 

La estatua de Mazinger Z era la primera de muchas que tenía que tener el parque central que presidía la futura urbanización. El proyecto contemplaba erigir una estatua de Afrodita A y otros personajes de la serie de animación. Pero el proyecto no tuvo el éxito que sus promotores esperaban y la gente no se sintió atraída por una urbanización desprovista de los servicios más esenciales. Al poco tiempo se desechó el proyecto y la estatua cayó en el olvido.

Cuentan que la constructora pagó los derechos de imagen del robot a la Toei, empresa que tenía los derechos del personaje. También se cuenta que la Toei no vio ni un yen y que el dinero se perdió entre un amasijo de intermediarios. Quizás sea por este hecho que el estudio de animación nunca ha reconocido la oficialidad del Mazinger Z de Cabra del Camp.

 

 

Con la llegada de internet empezaron a circular imágenes de la maltrecha estatua en la que se puede ver con la pintura totalmente desgastada, llena de grafitis y con algunos daños causados por el vandalismo de los de siempre. Gracias a estas fotos el mundo se enteró de la existencia de esta estatua única, pues ni siquiera Japón tiene una estatua de tal envergadura dedicada al clásico personaje de Gô Nagai. Los fans del robot empezaron a organizar peregrinaciones desde todos los lugares para visitar la estatua. Incluso asociaciones de admiradores de Mazinger Z se unieron para reivindicar la importancia de la estatua y realizar acciones de restauración y dignificación del entorno.  Las ayudas de la Generalitat de Catalunya, las acciones del Ayuntamiento de Cabra del Camp y el amor por el personaje de las diferentes asociaciones han contribuido a restaurar la estatua, reparar los daños, darle una nueva mano de pintura respetando los colores originales del personaje y urbanizar la plaza donde se encuentra,  bautizándola con el nombre de Alfredo Garrido, el cantante de la canción en español de la serie original.

 

 

A día de hoy es un placer acercarse a visitar el Mazinger de Cabra del Camp, como lo conocemos los de la zona. Pasar un buen rato a los pies del coloso comiendo y bebiendo, haciéndonos fotos, los que tenemos niños, explicarles las batallitas del gigante de acero y sufrir un pequeño episodio de nostalgia de la buena. En resumen, echar una mañana o una tarde agradable con este pedazo de historia irrepetible.

 


Albert Solé Jerez
www.japaniums.blogspot.com

 

 

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Flores Rojas de Yoshiharu Tsuge

El cuarto volumen que Gallo Nero dedica al autor

 

Vuelve Yoshiharu Tsuge y lo hace, como siempre, de forma excelente de la mano de la editorial Gallo Nero. Después de la maravillosa “El Hombre sin Talento”, la sórdida “La Mujer de al lado” y la onírica “Nejishiki”, “Flores Rojas” se convierte en el cuarto volumen que la editorial dedica a este escurridizo autor.

Yoshiharu Tsuge fue una de las puntas de lanza de la revista Garo, publicación especializada en cómic destinado a adultos. Personaje singular y poco afín a los medios, siempre ha declarado que su dedicación al manga fue por pura supervivencia. Emprendedor de varios negocios (vendedor de cámaras, de fotografiar, vendedor de piedras) que dejó atrás de la misma manera que dejó de dibujar, simplemente un día ya no le apetecía hacerlo y abandonó los lápices. Lamentablemente, para nosotros la decisión de no dibujar sigue vigente a día de hoy, y digo lamentablemente por qué su innovadora forma de enfocar la narrativa, sus historias poéticas con toques oníricos y sus pintorescos personajes nos podrían haber seguido dando horas y horas de maravillosa lectura. Su obra puede dividirse en tres grandes grupos: autobiográfica o narrativa del yo, relatos de viajes del propio autor y sueños.

 

 

Tsuge plasmaba con sus dibujos la realidad que lo rodeaba. Detractor de la occidentalización del Japón y la pérdida de valores tradicionales, el mundo que acogía a Tsuge se volvía cada vez más feo, más mediocre. Un mundo del que ya no valía la pena dejar constancia. El autor durante mucho tiempo fue reticente a que sus creaciones salieran de Japón. Preocupado por la traducción de su obra y la pérdida de significado al pasarla a otros idiomas, siempre fue muy complicado que el inigualable talento de Yoshiharo Tsuge nos llegara de forma oficial. En los últimos años, se han ido publicando sus obras por todo el mundo, supongo que obligado por la necesidad. La inactividad creativa, la escasez de ingresos, la edad avanzada de este mítico dibujante nacido en 1937 y el interés creciente, sobre todo en Europa, por el gekiga han propiciado su publicación a cambio de los correspondientes royalties, por supuesto. Tanto es el interés por este esquivo autor que se le homenajeó con toda pompa junto con una exposición retrospectiva de su obra y la publicación de un libro analizando su carrera artística en el Festival International de la Bande Dessinée d’ Angouleme el 2020.

 

 

“Flores Rojas” (Akaiana) Editorial Gallo Nero 2022 es una recopilación de 14 historias que podemos englobar en el grupo de viajes, aunque no todas. Editado en formato rústica con solapas, la calidad del papel es excelente en un formato A5. La mayoría de las narraciones tienen como protagonista al tokiota medio, muchas veces encarnado por el propio autor en un relato autobiográfico, que irrumpe en el medio rural. Amante de los onsen (banyos termales de fuente natural) y de la pesca fluvial, Tsuge no deja de contarnos sus propias experiencias personales con la interacción de los habitantes de la montaña. En estas historias el autor plasma el choque cultural entre los habitantes de la ciudad y los de las montañas (“Pantano”) y la falta de respeto de los jóvenes hacia las viejas tradiciones japonesas (“Velatorio”, “La Casucha de Ondol”). También queda plasmada el alma humana, con sus luces y sus sombras, haciendo un retrato lúcido, pero cargado de lírica, del comportamiento tanto de urbanitas como de pueblerinos. Los relatos costumbristas de Tsuge están cargados de emociones tan humanas como la desconfianza, la mezquindad, la pereza, las supersticiones y la agresividad. Todas ellas campan a sus anchas por las páginas de este volumen (“La Familia del Señor Lee”, “Relato de una Playa”, “El Incidente del Pueblo de Nishibeta”, “El Iglú de Ben”).

 

 

El costumbrismo de Tsuge no solamente se centra en los personajes pintorescos y en su simpleza práctica, también tiene en cuenta el medio rural por sí mismo. Los paisajes bucólicos y los rincones con encanto esconden una vida dura de esfuerzo y sacrificio debido a la escasez de productos y medios o al aislamiento temporal que el visitante casual no suele percibir durante su estancia vacacional. El autor plasma las condiciones de la cotidianidad de los montañeses, siempre previsores, atentos a las posibles inclemencias del tiempo, aprovechando los recursos naturales que ofrece el entorno, siempre pendientes del qué dirán los vecinos… Aquí no hay paliativos a la hora de dejar constancia de todo esto, pero el amor por lo tradicional y el delicado trazo de Tsuge confieren a estos relatos una palpable pátina de nostalgia (“Flores Rojas”, “El Hostal de Chôhachi”, “El Valle de Futamata”).

En el campo y en la montaña los animales también tienen su protagonismo, a veces incluso más que las personas. El cariño de Yoshiharo Tsuge hacia los perros se manifiesta en varias de sus historias, pero en especial en “El Perro del Paso de Montaña”. Aquí el autor confiere al perro protagonista del relato un estatus casi divino. La expresividad del dibujo, las reflexiones del propio autor y la propia construcción de la historia que envuelve al animal en un halo de misterio, hacen de este relato uno de los más destacables del volumen.

 

 

He dejado dos relatos para el final por dos motivos: primero porque no transcurren en el medio rural y, segundo, porque destacan por encima de los demás por méritos propios. “Chiiko” es una maravilla poética, la relación de una pareja joven se compara a la vida de un gorrión de Java. Un descarnado retrato de la típica sociedad japonesa de finales de los años 1960. Las promesas que la gran ciudad ofrecía a los jóvenes, pero que nunca se cumplían. Promesas de prosperidad, trabajo y bienestar que van cayendo en el olvido a lo largo de años de malvivir en la precariedad más absoluta. Por último, hay que destacar “Salamandra”, el famoso cuento de Masuji Ibuse transportada a las cloacas de la ciudad. Una enorme salamandra japonesa lleva una vida solitaria rodeada de todo tipo de detritus. Las reflexiones del animal bien podrían ser las del propio autor. Su chocante final nos lanza en toda la cara la crueldad de una práctica muy común entre los urbanitas de la gran Tokio de las décadas de 1960 y 1970. Esta práctica ya fue criticada, sobre la misma época, por Tatsumi en varios de sus relatos y no deja de ser chocante para todo aquel que posea un mínimo de sensibilidad.

Los relatos que “Flores Rojas” reúne en sus 246 páginas fueron dibujados entre 1966 y 1968. Una época bastante complicada para el habitante de Tokio debido a una economía de postguerra que no acaba de arrancar, una política intransigente hacia ciertas líneas de pensamiento y por todas las violentas protestas estudiantiles que sacudieron el país. A todo esto hay que añadir la decadencia de los valores tradicionales y la constante occidentalización de la sociedad. Yoshiharo Tsuge hace, a su manera, un fiel retrato de esta situación en su obra. La poética de sus relatos, sus personajes desencantados con la vida, la pasión por retratar hasta el mínimo detalle el paisaje natural de Japón, la disección quirúrgica del comportamiento y el alma humana hacen que la lectura de este volumen sea amena y a la vez reflexiva. El estilo de dibujo es detallista, sobre todo con los paisajes que contextualizan la obra. Los personajes son de trazo sencillo, incluso a veces esquemáticos, pero todos desprenden una enorme fuerza expresiva. La melancolía, el abatimiento y el hastío impregnan cada una de las viñetas, demostrando que Tsuge sigue siendo uno de los grandes autores costumbristas del cómic japonés por méritos propios y “Flores Rojas” da fe de ello.

 


Albert Solé Jerez
www.japaniums.blogspot.com

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Cuando te encuentras a tu mismo en un museo de arte

¿Viajeros del tiempo o reencarnación?

 

Una inocente visita a un museo puede acabar siendo perturbadora, y más si encuentras tu cara perfectamente recreada en una obra de arte. ¿Viajeros del tiempo o reencarnación? ¡Echa un vistazo a las siguientes fotos!

 

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Polen Dorado, de Gallo Nero Ediciones

Un recopilatorio de historias cortas de Seiichi Hayashi

 

En los últimos años, varias han sido las editoriales que han apostado por el cómic alternativo con contenidos más arriesgados y experimentales. Eso se debe a que lo que antes era un producto destinado a un público minoritario, incluso un nicho cerrado, ha acabado derivando en un producto codiciado por los amantes del arte de la secuenciación gráfica abriendo el mercado de tal manera que estamos ante una verdadera época dorada para este tipo de historias adultas de temáticas enrevesadas y, muchas veces, de libre interpretación por parte del lector. Entre las últimas publicaciones que cerraron el pasado 2021 quiero destacar un álbum que lleva la firma de un autor que todo y no ser inédito en nuestro país, poca cosa nos ha llegado hasta ahora de él.

Trabajando ya en la industria de la animación, Seiichi Hayashi empezó publicando sus historias gráficas en la mítica revista Garo en 1967, punta de lanza del manga alternativo y adulto. Tres años más tarde saltó a la fama con su obra “Sekishoku Erejii” (Elegía Roja), publicada por Ponent Mon en 2008. Esta obra se convirtió en un verdadero fenómeno social en Japón, hasta el punto en que el cantautor Morio Agata compuso una exitosa canción con el mismo nombre inspirada en esa historia y de la cual vendió medio millón de copias. Hayashi tiene un estilo narrativo poético, profundizando en el surrealismo y en pasajes de corte onírico. Obsesionado por la relación con su madre, la occidentalización de Japón, la cultura pop y la sexualidad, sus viñetas están repletas de referencias a todos estos elementos.

 

 

La editorial Gallo Nero Ediciones publica en 2021 “Polen Dorado”, un recopilatorio de historias cortas de Seiichi Hayashi que dan buena cuenta de la variedad de estilos y temáticas de este gigante del cómic alternativo. El libro viene en formato rústica con solapas y con la traducción del original japonés realizada por Yoko Ogihara y Fernando Cordobés. Las más de 160 páginas que conforman el volumen albergan 4 historias y un escrito del propio autor donde deja testimonio de sus recuerdos de infancia.

“Vivir entre las flores” abre el libro. Una historia costumbrista de carácter autobiográfico en la que el autor retrata la difícil relación con su madre neurótica. El complejo dibujo de líneas finas y figuras estilizadas se complementa a la perfección con un coloreado que utiliza tonos fuertes y extremos. Es paradójico como Hayashi, todo y el uso del color, consigue una ambientación tan lúgubre. El uso de primeros y primerísimos planos acentúa la tensión de este relato que toma un ritmo lento y decadente desde los primeros compases. La sexualidad queda ampliamente representada en las páginas de esta historia en la que el cuerpo femenino ha sido recreado desde todas perspectivas posibles. “Vivir entre las flores” es un ejemplo de la fuerza expresiva que puede llegar a transmitir el gekiga.

 

 

La segunda historia que nos ofrece este recopilatorio es “La libélula roja”. Una historia que tiene bastante que ver con el escrito autobiográfico que cierra el volumen. Nuevamente el autor aborda la relación con su madre y la sexualidad pero desde una óptica infantil. Los recuerdos infantiles, ya borrosos por la distancia temporal, quedan plasmados en un dibujo de formas redondeadas y minimalista. La falta de detalle y la sencillez del trazo, así como la representación del adulto como una silueta negra, realzan la lejanía del recuerdo y el sentimiento de rechazo del autor hacia esa figura masculina. Una historia sencilla sobre adultos vista por unos ojos infantiles ya no tan inocentes.

 

 

“La canción de cuna de Yamamba” es una historia épica bañada de poesía y heroicidad. La ambientación clásica de samuráis errantes sin amo que siguen el camino del honor se ve inmediatamente invadida por el occidentalismo lleno de robots, superhéroes i fantasía europea. La paz irreal que los americanos dieron a los japoneses queda representada por Superman llevando una rama de laurel en la boca. Una paz impuesta a base de destruir la identidad nipona, obligándoles a olvidar su pasado y haciéndoles renegar de sus creencias y tradiciones. Yamamba lucha al lado de Kintaro contra todas estas influencias extranjeras, donde incluso los dioses del shinto apoyan la cruzada contra la desnaturalización del pensamiento japonés. El estilo de dibujo imita las antiguas xilografías ukiyo-e que poco a poco, a medida que avanza la historia, se van llenando de elementos occidentales. Impresionante la escena en la que el occidentalismo y la modernidad invaden el Japón tradicional resquebrajando la realidad como si una dimensión paralela chocase con la realidad japonesa.

 

 

Cierra el volumen “Polen dorado”. Vida y muerte se dan la mano en este abrumador relato onírico lleno de metáforas y juegos de máscaras surrealistas. Desnudos, sexualidad, pasión y deseo se entremezclan con el imaginario tradicional japonés de los yokai, monstruos ancestrales que habitan el submundo y que de vez en cuando emergen para hacer travesuras a los humanos. Destaca la figura del gashadokuro (esquelo hambriento) que protagoniza buena parte del relato más críptico de la colección.

“Polen Dorado” es una buena manera de entrar en la obra y el extenso imaginario de Seiichi Hayashi. Cuatro historias que dan buena muestra del estilo gráfico, narrativo y temático de este artista extremo. Arriesgado, alternativo y vanguardista, es imposible que Seiichi Hayashi deje indiferente a nadie que se adentre en su obra. Cercano a veces, indescifrable otras, este autor se ha ganado por méritos propios un espacio entre los grandes maestros del gekiga. Una gran decisión por parte de Gallo Nero Ediciones la de acercarnos obras inéditas de todos estos autores que marcaron una época y que siguen influenciando a las nuevas generaciones de artistas.

 

 


Albert Solé Jerez
www.japaniums.blogspot.com

 

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«Mi experiencia lesbiana con la soledad» de Kabi Nagata

El periplo psicológico que su autora, Kabi Nagata, sufrió

“En 28 años de vida aún no sabía lo que era tener pareja, ni siquiera quedar para una cita. No había tenido ninguna vivencia sexual. Por no tener, ni siquiera tenía experiencia como miembro relevante de la sociedad. Y así, en junio de 2016, en mitad del día, tuve frente a mí a una escort lesbiana”.

 

 

Cada vez más son las obras que ponen de manifiesto las enfermedades mentales y sus consecuencias. Y también es cierto que cada vez son más los autores que hablan de este tema en primera persona por varios motivos. Puede que sea por dejar un testimonio escrito sobre el calvario sufrido. Quizás sea para sacar de dentro los demonios que lo atormentan o, puede que escribir sobre los problemas propios sirva de terapia liberadora. Kabi Nagata, la autora que nos ocupa es un ejemplo de lo último. En el álbum “Mi experiencia lesbiana con la soledad” nos habla sin tapujos de los problemas mentales que la acompañaron desde su adolescencia hasta el momento de dibujar su propia historia. 10 años de soledad en búsqueda de la aceptación familiar y de la manera de encajar en un mundo cada vez más complejo. El humor que desprenden los dibujos de Nagata no esconden la dureza de los trastornos alimentarios, las marcas de los cortes autoinfligidos en los brazos para acallar el dolor psicológico, la dejadez en la higiene personal, llevar la misma ropa durante días y la calva que le estaba apareciendo por arrancarse el cabello en uno de sus tics nerviosos.

 

 

La falta de autoestima y el anhelo de ser aceptada por quien se tiene más cerca hace que muchas veces se conviva con el propio enemigo. Cualquier gesto de reproche, cualquier comentario de desaprobación agravan la situación sin remedio. Sentirse patética e inútil, cerrarse en banda aislándose de la sociedad, perder el lugar de trabajo por incomparecencia, no tener rutinas, sentirse rechazada, no comprender lo que está ocurriendo a nivel interior… todo, cualquier cosa que la rodea pasa a formar parte de un círculo vicioso del que resulta francamente difícil salir.

 

 

La editorial Fandogamia publicó en 2018 “Mi experiencia lesbiana con la soledad”, un libro que ya va por su quinta edición y que refleja en primera persona todo el periplo psicológico que su autora, Kabi Nagata, sufrió y de su lucha para dejar atrás la enfermedad mental. Un álbum de unas 144 páginas publicado en rústica con sobrecubiertas impreso en tinta negra y rosa y con la traducción de Luís Alís. La historia es un largo monólogo rebosante de humor que narra la experiencia vital de la autora en un intento de hacer comprender como funcionaba su mente en el momento más profundo de su depresión y la original forma que escoge para poder salir a flote antes de que sea demasiado tarde. Lejos de querer ser un ejemplo de superación, Nagata se desnuda ante el lector mostrando todas y cada una de sus flaquezas intentando identificar las causas que la llevaron a una situación tan desesperanzadora.

 

 

“Mi experiencia lesbiana con la soledad” es un título que, ya de por sí, es toda una declaración de intenciones. Un relato duro que debería ser de obligada lectura por todos y cada uno de nosotros pues tiene la virtud de hacer un poco más humanos a y un poco menos necios a sus lectores ante unas situaciones que nos tocan muy de cerca. El testimonio de esta autora y de su enfermedad no termina con este libro, la misma editorial ha puesto a la venta “Diario de intercambio (conmigo misma)”, “Diario de intercambio 2” i “Acabé hecha un trapo huyendo de la realidad”, lecturas tan intensas como divertidas que nos hablan una temática, la de las enfermedades mentales, que hoy en día sigue considerándose tabú.

 

 


Albert Solé Jerez
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«My Broken Mariko» de Waka Hirako

Publicada por Milky Way Ediciones con traducción de Marc Bernabé

 

Dicen que las vivencias personales, en el mejor de los casos, forjan el carácter, pero lo que no se dice es que en el peor de los casos pueden llegar a romper el alma de una persona. Milky Way Ediciones publica “My broken Mariko” de Waka Hirako con traducción de Marc Bernabé, una cruda historia sobre abusos sexuales, maltrato, abandono y suicidio. Pero en esta historia también hay lugar para la amistad, los buenos recuerdos y un puntual sentido del humor que no pretende aligerar la carga emotiva de una narración que en ningún momento  oculta la crueldad ni el horror de convivir con un maltratador.

 

 

Shiino se entera de la muerte de su amiga Mariko por las noticias de mediodía. La incredulidad da paso a la rabia, y esta a la culpabilidad de no haber hecho más por su amiga. Pero aún queda una cosa que puede hacer, robar las cenizas de su amiga de las manos de su maltratador y llevarlas a algún lugar para que pueda descansar en paz.

Después de una presentación tan perturbadora en la que entran en escena todos los elementos que destrozaron a Mariko desde su adolescencia, la autora convierte este manga en un viaje emocional en el que Shiino va recordando momentos compartidos con Mariko a través de la memoria y de la relectura de las cartas que esta le fue escribiendo a lo largo de los años de amistad. Un viaje que pone todos los sentimientos del lector a flor de piel mientras nos muestra la visceral relación existente entre las dos protagonistas. Dos mujeres jóvenes  que se apoyaban entre ellas  y que la desaparición de una pone de manifiesto la vida solitaria y de dependencia que la otra llevaba a cabo. Esta soledad rodeada de gente en medio de la gran ciudad, a quien no les importas ni apenas conoces realmente, causada por la entrada a la  responsable vida de los adultos que no deja tiempo para encontrarte con los amigos es otro de los grandes males en los que Waka Hirako hace hincapié.

 

 

Tristeza, culpa, rabia, dolor, violencia y actitudes destructivas que se repiten hasta la saciedad son las escenas que encontraremos en esta perturbadora historia que retrata el infierno de los que viven bajo el yugo de un psicópata maltratador. El viaje físico de Shiino hasta el mar es también su viaje interior que analiza todos sus sentimientos, incluso los más débiles como el alejamiento entre las dos amigas y la capacidad de nuestro cerebro de borrar los malos recuerdos. Un retrato psicológico desgarrador que lleva a la protagonista hasta el límite humanamente aguantable. Una violenta mar de fondo que mece la mente de Shiino sin tregua desde lo alto de la cresta de las olas hasta el más profundo abismo oceánico.

 

 

“My broken Mariko” narra la rotura de dos almas sin paliativos ni subterfugios. La narración es directa y sus dibujos llenos de realismo muestran el sufrimiento en su máxima expresión sin dejar un solo momento de tregua al lector. Está claro que no estamos delante de una historia dirigida al gran público y a pesar de eso Waka Hirano consigue crear una trama absorbente que atrapa desde la primera página. El complejo retrato que la autora hace de Shiino y Mariko y de la relación de ambas, aportando la información justa a través de recuerdos dosificados estratégicamente y con un magistral dominio del tempo narrativo hace que el lector no pueda despegarse de la narración hasta el final. Temas que, todo y los esfuerzos por sacarlos a la luz, siguen siendo tabú como el suicidio y sus causas, el maltrato infantil y juvenil o el abandono familiar son tratados con respeto, pero de forma abierta, sin ocultar nada. “My broken Mariko” es una de las grandes sorpresas de este 2021. Una maravillosa obra emotiva y llena de sensibilidad a la par que cruel que vale mucho la pena ser leída y a la que se le debería dar una oportunidad.

 

 

“Pues sí. Me falta un tornillo. Estoy rota. Me dijo alto y claro que la culpa es mía por estar rota”.


Albert Solé Jerez
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«Antes todo esto era campo atrás» de Pablo Lolaso

Ficción, humor y mucho basket

 

«Antes todo esto era campo atrás» de Pablo Lolaso, y publicado por Córner Editorial, es una bella historia de ficción y humor de 192 páginas narrada en presente y en primera persona que nos lleva al surrealismo. Saltos al pasado y multitud de referencias al panorama baloncestístico harán la experiencia lectora divertida, amena, cercana y, por qué no decirlo, real.

La historia nos traslada al universo de Pablo, un viejo exentrenador de la élite del baloncesto español que ahora disfruta de su vida de jubilado en un pueblo perdido de la mano de Dios, junto con Pepe, su antiguo y fiel delegado del cuerpo técnico de sus equipos. Juntos se embarcarán en la aventura de entrenar a un grupo de patanes del club de al lado de su casa. Todo deriva en el surrealismo cuando a Pablo le suenan misteriosamente las caras de los entrenadores rivales con los que se va cruzando y empieza a tener la sospecha de que algo raro está sucediendo.

«Antes todo esto era campo atrás» de Pablo Lolaso, cuenta con el prólogo del brillante técnico Pablo Laso, y ha llegado recientemente a su tercera edición. Una obra imprescindible para los amantes de la mística del basket y de la buena literatura.

 

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«Los locos del gekiga», de Masahiko Matsumoto

“Esta es la historia de unos idiotas redomados de Naniwa (Osaka) que tenían una perspectiva limitada de la vida diaria”.

 

En cualquier tipo de revolución encontraremos fervientes seguidores y férreos opositores. Si habéis seguido un poco mis escritos os habréis dado cuenta de que soy un auténtico admirador del gekiga, el revolucionario estilo que lanzó el manga a una dimensión mucho más global acercando el arte secuencial a los adultos y dejando atrás el concepto de que los cómics son un simple pasatiempo para niños.

Se habla de Yoshihiro Tatsumi como padre del gekiga pues fue él quien acuñó el nombre y creó una ingente cantidad de historias gráficas que con el tiempo traspasaron las fronteras japonesas. El gekiga dejaba atrás las temáticas infantiles aportando complejidad en su contenido y dándole un estilo muy cinematográfico a la forma. Historias oscuras, experiencias personales, erotismo y personajes profundos empezaron a llenar las páginas de las revistas de alquiler (en aquel tiempo de postguerra y miseria no todo el mundo podía permitirse comprar una revista). A pesar de las reservas de los editores que no concebían un comic sin chistes ni escenas divertidas, el nuevo estilo empezó publicándose en Osaka.

Por aquel entonces la distribución a nivel nacional era harto complicada y las publicaciones de entretenimiento se hacían de manera local. Rápidamente el éxito desbordó toda expectativa y la revista “Kage” (Sombra) se convirtió en la más demandada de las librerías de alquiler. Las editoriales se afanaron para copiar la fórmula y empezaron a aparecer clones de la revista “Kage” en otros puntos del país, especialmente en la gran Tokio, la meca de cualquier dibujante. A día de hoy es innegable la aportación que el gekiga ha hecho a la historia del cómic y el valor artístico que este contiene. Pero todo comienzo es duro y más cuando hay que luchar contra la adversidad económica y la incomprensión de los que deciden. Así que hay que estar muy agradecido al empeño de tres grandes artistas que lo dieron todo por una visión diferente del arte que desarrollaban. Tres visionarios que aguantaron todos los chaparrones que se les vinieron encima. Tres amigos que se apoyaron los unos a los otros en los peores momentos. Tres genios. Tres locos.

 

 

Satori Ediciones ha publicado este 2021 “Los Locos del Gekiga” de Masahiko Matsumoto (1934 – 2005). Una historia comprendida en un solo volumen de unas 320 páginas encuadernada en rústica con una sobria sobrecubierta de tonos anaranjados y siguiendo los altísimos criterios de calidad que esta editorial ya nos tiene (demasiado bien) acostumbrados. La traducción corre a cargo de Marc Bernabé y como curiosidad decir que las primeras páginas están impresas con detalles en tinta roja, como se hacía en la época.

 

“Esta es la historia del sufrimiento, las alegrías y, por qué no, las desdichas de muchos jóvenes que invirtieron su juventud entera en la creación del gekiga”

 

 

Finales de la década de 1950, tres dibujantes se encuentran en las oficinas de la editorial para la cual trabajan. Estos tres personajes no son otros que Yoshihiro Tatsumi, Takao Saitô y Masahiko Matsumoto. A partir de aquí se nos narrarán las peripecias que estos tres amigos tuvieron que pasar para tirar adelante su sueño de cambiar lo que hasta ese momento había sido el cómic japonés. La historia nos hará saltar de un punto a otro de este proceso creativo mostrando desde dentro cuál era el estilo de vida de un mangaka de esa época. Nos invitará a descubrir el sórdido mundo de las editoriales, sus tácticas y sus arriesgadas apuestas que a veces salían bien y otras veces salían mal. Nos enseñará lo que eran las dificultades económicas tanto de los autores como de los editores constantemente perseguidos por sus acreedores. Y como no podía ser de otra manera, veremos el día a día de estos tres grandes genios (y también su “noche a noche”).

Matsumoto nos ofrece un relato sincero, llano y sin rencor de unos años duros de su vida. Una época que, a pesar de sus desencuentros, frustraciones y miseria, el autor nos la muestra con el orgullo de saber que revolucionaron el estilo del manga catapultándolo a la consideración de arte. Un tiempo en que la fuerza y la perseverancia de tres jóvenes consiguieron que sus sueños se hicieran realidad. El estilo de dibujo es sencillo, sin grandes alardes de estilo, pero su narrativa nos sumerge en el Japón de mediados del siglo XX mezclándonos con personajes reales (Kazuo Umezz, Sakyô Komatsu, Shichima Sakai) y otros ficticios pero basados en las propias experiencias de estos tres compañeros de fatigas. El ritmo es pausado, dejando espacio para la reflexión y los diálogos entre los protagonistas para que el lector comprenda el proceso creativo de estos tres genios, junto con sus desengaños, dudas y frustraciones. Un dramatismo bien hilvanado conduce al lector a través de las densas páginas de esta obra, densas en viñetas y en diálogos, llevándonos de viaje a los años 1950 donde la recuperación económica producía más incertidumbres que alegrías. No faltan en esta historia los pequeños pasajes de humor socarrón que nos harán sonreír ante la picardía de algún personaje para hacer frente a ciertas situaciones adversas.

 

 

La lucha de Matsumoto, Tatsumi y Saitô para tirar adelante este nuevo género no era solo contra la penuria económica, sino que tuvieron que lidiar contra la opinión desfavorable del Movimiento de Erradicación de Libros Nocivos que tenía al manga y a sus autores en el punto de mira. La bonanza económica de la sociedad japonesa también fue un arrecife que hizo naufragar a los autores de manga, aunque de buenas a primeras esto parezca contradictorio, la narración de Masahiko Matsumoto nos lo aclara a la perfección.

“”Los Locos del Gekiga” es una lectura apasionante. El cómic dentro del cómic relatado en un estilo tan japonés como es “la narrativa del yo”. Un documento vital por parte de Masahiko Matsumoto que absorbe completamente al lector y le permite apreciar en primera persona las dificultades, frustraciones, alegrías, penas y enfados de este trío tan especial. Un pedazo de historia tremendamente ambientado y repleto de personajes pintorescos que dejan entrever la desenfadada mentalidad japonesa de la época y su particular filosofía. Un relato descarnado sobre el nacimiento de un nuevo estilo que ya forma parte de la historia del cómic mundial. Un álbum de lectura obligada para todos los amantes de la novela gráfica y un imprescindible en cualquier biblioteca que se precie.


Albert Solé Jerez
www.japaniums.blogspot.com

 

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Marguerita, John Wayne y el «misterioso» barco de la Costa Brava

¿Se trató del “Norwester” o, quizás, de la copia que se utilizó para el plató de “Red River”?

 

En abril de 2013 un yate de nombre “Marguerita” zarpó del puerto de Roses (Cataluña, España) con destino a Francia. Al poco tiempo de navegar, una vía de agua hizo que el barco naufragara. Como que el barco no se hundió del todo, las autoridades de salvamento y guardacostas creyeron oportuno remolcarlo hasta el cercano puerto de Portbou para evitar posibles colisiones con otras embarcaciones. Nadie reclamó el yate como su propiedad y durante mucho tiempo estuvo amarrado en el puerto fronterizo esperando una solución administrativa.

 

 

Poco a poco la gente empezó a acercarse al puerto de Portbou para fotografiarse al lado del yate. Lo que al principio eran unos pocos curiosos acabó convirtiéndose en un desfile de gente que mostraba abiertamente su interés por sacarse un retrato al lado del barco. ¿Cómo es posible que una embarcación abandonada a su suerte y rescatada por salvamento marítimo produjera tanto interés entre la población? La razón no era otra que varios periódicos locales se hicieron eco de que esa embarcación perteneció al actor John Wayne.

 

 

Parece ser que una de las mayores aficiones del actor hollywoodiense era navegar, y así lo demuestran las numerosas fotografías que existen de Wayne al timón de alguno de sus yates. También es verdad que estuvo navegando por la Costa Brava en la época en que rodó en Barcelona la película “Circus World”, en España conocida como “El maravilloso mundo del circo”, en 1964. Pero hasta ahí las coincidencias.

Dicen las malas lenguas que el primer yate que perteneció a John Wayne fue el “Marguerita”, un Crusader de madera de 20 metros de eslora construido en Massachusetts en 1933. El nombre del barco provenía de una antigua amante del actor, dicen que se enamoró del barco y decidió ponerle su nombre. En 1948 se mandó construir una réplica del yate pues este formaba parte de los decorados de la película “Red River”, y como el actor temía que le dañaran el casco prefirió utilizar una réplica. A la muerte del actor en 1975, legó el yate a su abogado con quien compartía la afición por el mar. A partir de ahí se perdió su pista hasta que reapareció en 2009, cuando el “Marguerita” compitió el Trofeo Almirante Conde de Barcelona.

 

 

Cuando las autoridades pusieron el barco en el dique seco después de ser reflotado, encontraron que la embarcación, pintada de amarillo, se encontraba con el casco en muy mal estado y el resto de la nave en un deterioro muy avanzado. Los trabajos de restauración solamente dieron problemas y pérdidas al puerto de Portbou, pero finalmente se pudo vender por medio millón de euros.

La realidad es que John Wayne tuvo en su propiedad un yate cuyo nombre fue “Norwester”. Si miramos las fotografías de ambas embarcaciones tendremos la impresión de que se trata de barcos gemelos. Su parecido es verdaderamente asombroso, pero no hay que dejarse llevar por la fantasía popular de algunos periodistas locales pues el “Norwester” sigue navegando por aguas norteamericanas a día de hoy. Otro dato que se pasa por alto es que cuando el actor navegó por la Costa Brava lo hizo con el “Wild Goose”, un viejo dragaminas del ejército americano transformado en yate de lujo por el propio Wayne.

 

 

A partir de aquí que cada uno crea lo que quiera. ¿Es el barco naufragado en la Costa Brava el mismo que pilotó John Wayne? ¿Se trata del “Norwester” o, quizás, de la copia que se utilizó para el plató de “Red River”? ¿Es todo fruto de la imaginación desatada de unos periodistas poco informados? Que cada uno haga su apuesta.

 


Albert Solé Jerez
www.japaniums.blogspot.com

 

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«Freedom», recordando el mejor documental de George Michael

La vida de Georgios Kyriacos Panayiotou en un documental imprescindible

 

«Freedom», publicado en 2016, es posiblemente el mejor documental sobre la vida de Georgios Kyriacos Panayiotou, mejor conocido como George Michael.  Un documental póstumo dirigido por él mismo junto a su amigo y manager David Austin poco antes de su inesperado final. Kate Moss, Elton John, Stevie Wonder, Nile Rodgers o Jean-Paul Gaultier y algunos de los iconos más actuales de la escena musical como Liam Gallagher también aparecen en el documental.

Todos ellos destacan de inicio su valor musical como algo perceptible incluso desde sus primeros pasos con el pop para adolescentes con la formación Wham!, En plena recesión británica durante los años 80. Ya en solitario, logró confeccionar un nuevo personaje, más sofisticado, alguien «que pudiera estar a la altura de Madonna, Michael Jackson o Prince», un momento que llegó con la publicación de su primer álbum en solitario, Faith (1987).

«En 1988 George Michael se convirtió en el artista de mayor éxito comercial del mundo.» Esta es una historia sobre cómo la fama y la tragedia intervinieron para cambiar para siempre el curso de su historia», proclama una voz ‘en off ‘en los primeros minutos del documental «Freedom».

El miedo de no estar a la altura y la soledad, exacerbada por una homosexualidad reprimida desde que estampó su firma en un contrato con la multinacional Sony, le acompañaron al principio, más aún cuando hits como I want your sex, Careless Whisper o la misma Faith lo pusieron de forma constante en el punto de mira. En uno de los momentos más escalofriantes del documental recuerda como la sombra del sida se asomó por primera vez en su vida cuando Anselmo (su primer gran amor) viajó a Brasil para hacerse la prueba y pasaron separados la Navidad, ignorando su entorno, bajo la amenaza de que también él pudiera haber contraído la enfermedad.

Estas y demás historias de este gran artista encontrarla explicadas al documental «Freedom» de George Michael, incluido el litigio que lo convirtió en el primer gran artista en querer romper su contrato con una gran discográfica, proceso en el que no recibió el apoyo de ningún artista en ningún momento, como bien se remarca. Y es que el artista nunca se rindió por muy difícil que fuera la situación.

 

 

 

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