Cristóbal Colón y sus encuentros con “bolas de fuego”

 

Cristóbal Colón tenía la firme convicción de que nuestro planeta era redondo, por lo que se podía navegar de un continente a otro navegando en línea recta a través del Océano Atlántico. Colón tenía diferentes mapas que mostraban extraños perfiles más allá de la tierra conocida.

Según su cuaderno de bitácora, el 17 de septiembre de 1492 dio un vistazo a su brújula y se dio cuenta de que esta mostraba lecturas extrañas. Al principio no alertó a su tripulación, tener una brújula que no indicaba bien el norte magnético podría haber hecho que se extendiera el pánico entre una tripulación que ya se encontraba en el límite. Fue una sabia decisión, teniendo en cuenta que solo dos días antes apareció una extraña luz en medio del mar en forma de “bola de fuego voladora” que sobrevoló el barco, y la tripulación aterrorizada amenazó de abortar el viaje ante el desconcierto.

Con el paso de los días sin más incidente, Colón pudo contener a la facción de marineros que quería abortar el viaje. Cuando todo parecía en calma y bajo control, el segundo encuentro sobrenatural con otra “bola de fuego voladora” llegó el jueves 11 de octubre 1492, por suerte para Colón sucedió cuatro horas antes de que sus naves divisaron por primera vez las tierras del continente americano.

Estos dos encuentros sobrenaturales están documentados en el diario de a bordo del mismo Cristóbal Colón, y aún hoy día son motivo de estudio.